Aprender a leer es sólo el principio
Aprender a leer es sólo el principio de la alfabetización, que comienza básicamente con la lectura, la escritura y el cálculo. A partir de esa base, una persona puede continuar estudiando, aprender un oficio, acceder acceder a información y tomar decisiones con una mayor autonomía. Y citamos algunos ejemplos tan básicos como leer una indicación médica, entender un contrato, completar una solicitud de empleo o utilizar una aplicación para realizar una gestión.
Hoy, 8 de septiembre, el Día Internacional de la Alfabetización cumple 60 años. La UNESCO dedica la conmemoración de 2026 al lema «Alfabetización para las personas, el planeta y la prosperidad» y propone revisar los avances conseguidos, pero también las dificultades que persisten en un mundo que cambia con rapidez.[1]
739 millones de personas siguen sin saber leer ni escribir
La alfabetización ha avanzado de forma considerable durante las últimas décadas. Sin embargo, al menos 739 millones de personas adultas todavía carecen de conocimientos básicos de lectura y escritura. Dos tercios de ellas son mujeres.[2]
Las dificultades comienzan mucho antes de la edad adulta. La UNESCO calcula que 251 millones de niños no adquieren las competencias básicas de lectoescritura.[2] Asistir a clase, por tanto, no garantiza siempre que una persona pueda comprender un texto, expresarse por escrito o utilizar los números con seguridad.
Las causas son diferentes en cada lugar. La pobreza puede obligar a abandonar los estudios. En las comunidades rurales, la distancia hasta el centro educativo puede hacer imposible asistir a clase. También influyen la falta de profesorado, materiales, alimentación, transporte, conexión a internet o un lugar adecuado para estudiar.
Estas carencias se acumulan. Una dificultad para aprender a leer en la infancia puede limitar después el acceso a la educación secundaria, la formación profesional y el empleo.
Qué significa estar alfabetizado en un mundo digital
Leer y escribir siguen siendo capacidades esenciales, pero muchas actividades educativas, laborales y administrativas se desarrollan ahora a través de una pantalla.
Buscar información, distinguir una fuente fiable, enviar un currículum, utilizar el correo electrónico, completar un formulario o manejar una aplicación también requieren aprendizaje. La UNESCO considera que las competencias digitales básicas forman parte de las capacidades necesarias para desenvolverse en la sociedad actual.[3]
La tecnología puede facilitar el acceso a la educación. Permite consultar materiales, estudiar a distancia y acceder a conocimientos que antes resultaban inalcanzables. También puede ampliar las desigualdades cuando faltan dispositivos, conexión o formación para utilizarlos.
Entregar un ordenador resuelve únicamente una parte del problema. Hace falta saber manejarlo, comprender la información que muestra y emplearlo con fines educativos o profesionales. También se requieren conocimientos sólidos de lectura, escritura y cálculo.
Por eso, la alfabetización debe entenderse como un proceso que continúa a lo largo de toda la vida. Las capacidades necesarias varían según el entorno, la tecnología y el mercado laboral.
Continuar estudiando también depende de las condiciones de vida
Una persona puede tener capacidad y voluntad para estudiar y, aun así, encontrar obstáculos difíciles de superar por sí sola.
En Honduras, muchos jóvenes procedentes de comunidades rurales deben desplazarse hasta Tegucigalpa para acceder a determinados estudios. La distancia, el coste del alojamiento y los gastos diarios pueden interrumpir su formación.
En 2025, la Fundación Miguel Ángel Elosúa Rojo reanudó su colaboración con ACOES para apoyar a 22 jóvenes de entre 18 y 25 años residentes en la Casa Nuestra Señora de Guadalupe, perteneciente al proyecto Populorum Progressio.[4]
La ayuda cubrió alojamiento, alimentación, transporte, atención sanitaria, matrículas, libros y material escolar. También incluyó acceso a internet y ordenadores. Cada uno de estos recursos responde a una necesidad concreta: tener un lugar donde vivir, poder desplazarse, disponer de los materiales necesarios y conectarse para estudiar.
Las Casas Populorum fueron creadas para que jóvenes de zonas rurales y comunidades con pocos recursos pudieran continuar su formación académica. Además de alojamiento y manutención, ofrecen un modelo basado en el estudio, la convivencia, la colaboración y la responsabilidad dentro de la comunidad.[5]
Este proyecto muestra que garantizar el derecho a la educación exige atender las circunstancias que rodean al aprendizaje. Una matrícula pierde su utilidad si la estudiante no puede trasladarse al centro, comprar los materiales o acceder a las herramientas digitales que necesita.
De la educación a una profesión
La alfabetización también permite adquirir conocimientos técnicos y desarrollar una profesión. Esta relación forma parte de la historia de la Fundación.
En el barrio de Lindéia, en Belo Horizonte, la Ação Social Técnica Miguel Elosúa ofrece formación profesional gratuita a jóvenes y adultos. Sus cursos están dirigidos prioritariamente a personas en situación de vulnerabilidad social y abarcan áreas como comunicación e información, procesos industriales, gestión y negocios, salud y belleza.[6]
La Fundación Miguel Ángel Elosúa Rojo contribuye a financiar estas formaciones junto con el Ayuntamiento de Belo Horizonte. El objetivo es que el alumnado pueda adquirir conocimientos aplicables al trabajo y mejorar sus posibilidades de incorporación laboral.
Aprender a utilizar herramientas digitales, desenvolverse en un entorno profesional o adquirir una especialización técnica amplía las opciones disponibles. Estas competencias se apoyan en la alfabetización inicial, pero requieren formación continua, práctica y adaptación.
La trayectoria que comienza al aprender a leer puede conducir a completar unos estudios, dominar un oficio y obtener un empleo. Para que ese recorrido sea posible, las oportunidades educativas deben mantenerse en las distintas etapas de la vida.
Crear las condiciones para seguir aprendiendo
La alfabetización permite comprender el entorno y participar en él. Facilita el acceso a otros derechos, mejora la capacidad para tomar decisiones y abre nuevas posibilidades educativas y laborales.
Su efecto depende también de las condiciones que encuentra cada persona. Una joven de una comunidad rural puede necesitar una residencia para continuar estudiando. Un adulto que busca empleo puede necesitar una formación profesional gratuita. Quien se enfrenta por primera vez a un entorno digital puede necesitar un dispositivo, conexión y acompañamiento.
Desde la Fundación Miguel Ángel Elosúa Rojo apoyamos proyectos que responden a estas barreras concretas. La educación ocupa un lugar central en nuestro trabajo porque proporciona conocimientos y herramientas que permanecen en el tiempo.
Aprender a leer abre una puerta. Poder seguir aprendiendo permite atravesarla y elegir hacia dónde avanzar.
Referencias
- UNESCO. Día Internacional de la Alfabetización 2026
- UNESCO. Datos sobre alfabetización
- UNESCO. Las competencias digitales son esenciales para el empleo y la inclusión social
- Fundación Miguel Ángel Elosúa Rojo. Reanudamos nuestro compromiso con ACOES Honduras
- ACOES. Proyectos educativos: Casas Populorum Progressio
- Ação Social Técnica Miguel Elosúa. Cursos de formación profesional



